
Quítame el vestigio de palabras desconocidas
Sacudeme el abrigo de polvareda arrastrada sobre piel hogareña
Pies descalzos que apuran un ocaso extranjero,
bienvenidas y protegidas de antiguas ampollas y verrugas cosecheras
Uñas vigilantes de la tierra,
memoria evocada en su virtud.
El color de la pintura
se fragmenta en el aire mientras
Los montes y las misas rascan los cielos
llenas de almas difuntas
Desata el nudo que me une a la mirada ajena.
Hazme secreto, silencio, marea baja.
Un rastro oculto en su tejido de la noche,
donde el juicio del mundo jamás logre encontrarme…
